La violencia volvió a decir presente en el fútbol Senior y Amateur de San Luis. Y esta vez, con dos episodios registrados en distintos puntos de la provincia que deberían encender todas las alarmas.
Uno de los hechos tuvo lugar en la ciudad capital, con epicentro en la Villa Deportiva, durante el encuentro que disputaron Artegraf y San Pedro por la Liga Nacional Senior. El segundo ocurrió en el Valle del Conlara, luego del partido entre San Martín de Merlo y Sarmiento de Tilisarao, cuando, tras el pitazo final, el árbitro fue agredido físicamente y terminó en el piso producto de los golpes.
No hay resultado, campeonato, rivalidad ni discusión futbolística que pueda justificar semejante comportamiento.
El fútbol amateur, y particularmente el Senior, debería representar exactamente lo contrario: un espacio de encuentro, recreación, competencia y camaradería. Son categorías integradas, en muchos casos, por jugadores que encuentran en el deporte una manera de mantenerse activos, reencontrarse con viejos compañeros y disfrutar de una pasión que los acompaña desde hace años.
Por eso resulta todavía más preocupante que una discusión termine transformándose en una agresión física.
El árbitro puede equivocarse. Como también se equivoca un jugador, un entrenador o un dirigente. Pero ninguna decisión arbitral habilita una agresión.
Convertir al árbitro en el enemigo de turno es una de las peores deformaciones que ha sufrido el fútbol. Y cuando la protesta pasa de la palabra a los golpes, ya no estamos hablando de pasión: estamos hablando de violencia.
Las ligas y los tribunales de disciplina tienen una responsabilidad fundamental. No alcanza con repudiar públicamente estos hechos. Las sanciones deben ser claras, proporcionales y, sobre todo, capaces de generar un verdadero efecto disuasorio.
Porque si cada nuevo episodio termina simplemente archivado después de unos días, el mensaje que queda es peligrosamente equivocado: que todo vale dentro de una cancha.
La otra deuda: cuidar la salud de quienes juegan
Pero existe otra cuestión que merece ser discutida con la misma seriedad: ¿en qué condiciones médicas ingresan a una cancha los jugadores de estas categorías?
En el fútbol amateur y Senior participan deportistas con edades, antecedentes, niveles de entrenamiento y condiciones físicas muy diferentes. Muchos vuelven a competir después de largos períodos de inactividad y otros sostienen una rutina deportiva que no necesariamente está acompañada por controles médicos periódicos.
Por eso, hablar de violencia también debería llevarnos a hablar de prevención y salud.
Los episodios ocurridos en la capital y en el Valle del Conlara deberían servir como una oportunidad para revisar muchas cosas.
¿Qué controles tienen los jugadores antes de competir? ¿Qué protocolos existen frente a una emergencia? ¿Quién verifica que las instituciones cumplan con las condiciones mínimas de seguridad? ¿Qué sanciones reciben quienes agreden a un árbitro?

Son preguntas incómodas, pero necesarias.
El fútbol Senior y Amateur merece crecer, organizarse y profesionalizar sus estructuras sin perder su esencia. Para eso necesita mejores competencias, mejores instalaciones, árbitros protegidos, dirigentes comprometidos y, fundamentalmente, jugadores conscientes de que la camiseta que llevan puesta nunca puede ser una excusa para agredir.
Nota: Redacción


